miércoles, 20 de octubre de 2010

FOCEA




Decíamos ayer, un ayer de más de un año de duración, que en la primera mitad del siglo V a. C. el enorme Imperio Persa se fijó en la pequeña Hélade y quiso ir a conquistar sus aparentemente débiles y desunidas poleis…

Permitidme que antes de retomar el hilo histórico en este punto, dé un salto atrás. Un salto hacia el pasado de trescientos años que nos lleve al siglo VIII a. C.

Un salto que nos deje en la costa de Asia Menor, justo a la entrada del Golfo de Esmirna, en el momento en que colonos jonios, procedentes tal vez de Atenas, o tal vez de las más próximas Eritrea y Teos, fundan la ciudad de Focea.

Focea (Φώκαια – Phocaia) fue la polis más septentrional de la zona colonizada por los jonios en las costas del Asia Menor. De hecho, estaba prácticamente dentro de la zona colonizada por los eolios. Fue un importante puerto comercial y desde el siglo VIII al V a. C. su historia fue semejante a la de las demás poleis griegas de Asia Menor: independencia, sometimiento al dominio lidio primero y al persa después, sublevación contra éste, valerosa participación en la batalla naval de Lade, adhesión a la Liga de Delos una vez derrotados los persas, pagando tributo a Atenas y rebelándose contra ésta en la guerra del Peloponeso con la ayuda de Esparta… En fin, lo que se podría considerar normal en la historia de cualquier polis de la Hélade de aquellos siglos.

Entonces ¿por qué de entre tantas poleis de la Hélade, nos fijamos precisamente en Focea? ¿Por qué no hablamos de Atenas, de Esparta, de Tebas, famosas por sus logros artísticos, políticos o militares? ¿Por qué no de Mileto o de Elea, cunas de matemáticos y filósofos? La respuesta es fácil: porque los primeros griegos que visitaron y colonizaron la costa mediterránea del noreste de la Península Ibérica o, por lo menos, los primeros de los que hay fuentes históricas y hallazgos arqueológicos indudables, procedían de Focea.

No cabe ninguna duda que la afición de los focenses a la navegación era extraordinaria. El historiador Heródoto les concede el mérito de ser los primeros griegos que realizaron largos viajes por mar y les considera los descubridores del mar Adriático, del Tirreno y de la Península Ibérica.

Hoy sabemos que en este último punto Heródoto se equivocaba, pues los fenicios ya navegaron por el Mediterráneo Occidental en los siglos IX y VIII a. C. y en la Península Ibérica se establecieron preferentemente en el sur donde fundaron Gadir (Cádiz) y Malaca (Málaga) y comerciaron con el rico reino ibérico de Tartessos.

Por su parte los focenses habían empezado su historia marinera comerciando con Naucratis, colonia de Mileto en la costa Egipcia, y luego se dedicaron a ayudar en la colonización helénica del Mar Negro y del Helesponto (actualmente el estrecho de los Dardanelos). Pero pronto este espacio, que apenas trascendía el Mar Egeo, les quedó pequeño y se lanzaron hacia occidente.

En el año 600 a. C. fundaron Massalia (Marsella) que se convertiría en la principal colonia focense, sobre todo por el comercio que se hacía a través del Ródano con el centro y el norte de Europa.

Unos años más tarde, entre el 580 y el 560 a. C. los focenses fundaron en el Golfo de Rosas un pequeño enclave comercial al que llamaron Emporion (Εμπόριον) actualmente Empúries, en una especie de islote ubicado en la costa, que cerraba un puerto natural junto a la desembocadura del río Fluviá. El Fluviá y el Ter permitían el acceso a las comarcas interiores. Esta situación hace pensar que la factoría, aparte de la función de puerto de escala en la ruta hacia el sur de la península Ibérica, fue concebida como puerto de comercio, es decir, como un núcleo de comerciantes extranjeros a quienes los indígenas garantizaban la seguridad para permitir el flujo constante de importaciones. No hay duda, pues, que Emporion tuvo una función esencialmente comercial, evidente ya en su nombre, que significa mercado y de donde deriva el nombre de la comarca del Empordà. Esta isla, la actual Sant Martí d'Empúries, recibió el nombre de Paleápolis ("Ciudad Vieja") después de que, al cabo de no mucho tiempo, los focenses establecidos atravesaron el brazo de mar que los separaba de la costa y fundaron un nuevo núcleo, llamado modernamente Neápolis. Entonces se inició una verdadera helenización del territorio circundante. Empezó así la cultura ibérica en el noreste de Cataluña, cuando Emporion transformó la forma de vida de los indígenas.

También en el Golfo de Rosas, más al norte que Emporion, se encuentra otra ciudad de origen griego: Rodon (actualmente Rosas). Según el geógrafo griego Estrabón, fue fundada en el siglo VIII a. C. De ser esto cierto, Rodon sería anterior a la llegada de los focenses, pero ninguna excavación ha encontrado restos anteriores al siglo V, por lo que probablemente fue fundada por los focenses de Massalia o de la misma Emporion.

El crecimiento demográfico y urbano de Emporion de la segunda mitad del siglo VI a.C. culminó en el siglo siguiente con la construcción de una gran muralla y la creación de instituciones civiles para una comunidad que ya se identificaba con el nombre de Emporitaí. Paralelamente su influencia económica se extendió por toda la costa desde el sur del Languedoc hasta el suroeste de la península Ibérica. En un estadio posterior, iniciado en algún momento del siglo V a.C., es posible que algunos focenses se establecieran en la costa valenciana, sea como particulares en comunidades indígenas como Sagunto, sea en las pequeñas factorías a las que podrían corresponder los topónimos griegos Hemeroskopeion (tal vez la actual Denia), Alonis (tal vez Vila Joiosa), Akra Leuke (tal vez Alicante) citados por las fuentes antiguas, y que no han sido descubiertas hasta ahora por la arqueología. Su colonia más al sur fue probablemente Mainake, muy próxima a la Malaca fenicia.

Los focenses comerciaron también con Tartessos. Según Heródoto, tuvieron una relación de gran amistad con el soberano de este gran pueblo ibérico, Argantonio, el cual, probablemente queriendo liberarse del monopolio comercial fenicio, les ofreció tierras para que se establecieran en su reino. Rechazada la oferta por los focenses, y siempre según la versión de Heródoto, Argantonio les dio una enorme cantidad de plata para que costearan la construcción de murallas en la metrópoli, en Focea, donde ya empezaba a hacerse evidente la amenaza persa.

En la zona de influencia de Emporion, el comercio adquirió una gran actividad. Del territorio del entorno los griegos obtenían diversos productos que podían exportar: la sal en la costa, metales en algunas zonas mineras explotables a pequeña escala, y los cereales -trigo y cebada-. Estos últimos fueron los que alcanzaron mayor importancia.

El inicio del cultivo de cereales a gran escala debió iniciarse en el siglo V a. C., cuando Massalia comenzó a promover la actividad agrícola en las factorías que dependían de ella para paliar la falta de cereales en su suelo pedregoso. Ahora bien, el grano de origen ibérico no fue enviado exclusivamente a Massalia ni al próximo mundo púnico, sino que una parte de la producción debió ser destinado a Atenas. La exportación de cereales a gran escala favoreció el auge económico de que Emporion gozó en época clásica y su independencia respecto a Massalia.

Las consecuencias de la presencia griega en nuestro suelo originaron un proceso culturizador que transformó paulatinamente la vida de los antiguos pobladores. En cuanto a las estructuras económicas, la presencia griega habría estimulado entre los indígenas la búsqueda de metales y sal, el cultivo del olivo y la producción de aceite, la industria del lino y sobre todo el cultivo de cereales. También se introdujeron nuevas industrias como la de salazones. El uso del torno incrementó la producción cerámica y la nueva costumbre de beber vino provocó un cambio en el tipo de vasos. En general aumentó notablemente la producción broncística. La introducción de la moneda fue tardía (hacia el 250 a. C.).

Así pues, la fundación de Emporion condicionó el desarrollo de la cultura ibérica y la acercó a las civilizaciones mediterráneas. De esta manera, cuando Roma emprenderá la conquista de las tierras ibéricas para integrarlas a su imperio y a sus estructuras socioeconómicas y culturales, tendrá ya el camino preparado para una rápida romanización.

3 comentarios:

  1. Me alegro que hayas retomado la historia.
    Te sigo...y he leido todo...;-)
    Un saludin

    ResponderEliminar
  2. Pues retomada está, amiguina.
    Te agradezco el seguimiento... y la heroica paciencia.

    Un saludín
    Joan

    ResponderEliminar
  3. Una pregunta, ¿no llegaron a Menorca los foceos?

    ResponderEliminar